Columna de opinión: Reforma de los inocentes

El 2006, luego de llevarse a efecto una de las más emblemáticas protestas estudiantiles de alumnos e educación media, en todo el país, se realizó el acuerdo político conocido como “las manos al cielo”, cuando personeros de gobierno y oposición se tomaron de las manos, felices, por arribar a un acuerdo nacional (otro más) en torno a la anhelada calidad y equidad de la educación.

Tres años después del pingüinazo, el 2009, vio la luz la ley Nº 20.370, General de Educación- otra vez manos al cielo- que, acuerdo político mediante, estableció nuevas regulaciones (dejando a firme algunas viejas) al marco educacional chileno.

Una de las más novedosas modificaciones, solo por la forma, fue el establecimiento de dos ciclos de seis años cada uno, según se indica en el artículo II, párrafo 1: “Artículo 25.- El nivel de educación básica regular tendrá una duración de seis años y el de educación media regular tendrá una duración de seis años, cuatro de los cuales, en el segundo caso, serán de formación general y los dos finales de formación diferenciada.”.

Alguna parrafadas más adelante, en la citada ley, se decidió el itinerario de ejecución del diseño de los ciclos educativos mencionados en el párrafo precedente, en el artículo 8º del Título final: “La estructura curricular establecida en el artículo 25º comenzará a regir a partir del año escolar que se inicie ocho años después de la entrada en vigencia de esta ley. A contar de dicho año escolar, los cursos de séptimo y octavo año de la enseñanza básica y primero, segundo, tercero y cuarto año de la enseñanza media, pasarán a denominarse primero, segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto año de la educación media, respectivamente.”.

En un análisis estricto, corresponderá iniciar la ejecución de la reforma citada el 2017; y, en una mirada interpretativa, sería el 2018 (el 12 de septiembre de 2017 se cumplen ocho años de la LEGE) considerando que el año escolar respectivo inicia en marzo.

En fin, lo que nos inquieta es la ninguna gestión (a menos ninguna a sabiendas del honorable público) llevada a efecto desde el 2009 hasta nuestros días, para preparar el camino a los dos nuevos ciclos de educación escolar.

Para ilustrar algunos efectos que, a cualquiera se le ocurren: todas las escuelas del país perderán los dos últimos niveles (séptimo y octavo) y todos los liceos deberán hacerse cargo de dos nuevos niveles (primero y segundo medio, de un ciclo de seis); habrán muchas escuelas (en rigor casi todas) con salas ociosas y una planta docente que deberán reconvertir rápidamente (eso si no optan por el camino fácil); en todos los liceos del país deberán aparecer, mágicamente, dos salas nuevas (pensemos en solo dos cursos; no obstante, se debe tener a la vista que hay más escuelas que liceos, en una proporción de tres a uno) para acoger a esos nuevos primeros y segundos medios, ya señalados; habrán muchos liceos (casi todos) que necesitarán, con urgencia, nuevos docentes para atender a los niveles creados; a lo anterior debemos indicar que se requerirán más medios didácticos en educación media (y más cobertura de servicios higiénicos, metros cuadrados de patio, etc.) tanto como nuevos alumnos deban acoger por mandato de la ley.

Adicionalmente (en realidad sustraccionalmente) las instituciones de educación superior no han formado a más profesores de Educación Media. Ya, ahora mismo, sin reforma, hacen falta docentes de ciencias, matemáticas, idiomas, entre los más notorios.

El Estado está obligado a cumplir y hacer cumplir la ley.

La LGE, por ser Orgánica Constitucional, además, tiene quórum más alto que una ley común, para su eventual modificación. Es decir: deberá haber una negociación política.

Todo parece indicar que un año de elecciones presidenciales y parlamentarias, el próximo año, no es el más propicio para presentar una enmienda a la ley de educación.

Claro, a no ser que ahora, el acuerdo político sea considerar que dos ciclos de seis años para la educación básica y media, es mucho innovar y se decida, para honrar la idiosincrasia chilena, dejar todo como estaba antes.

De cualquier modo, lo único que cambiaba era la cantidad de años para básica y media.

Tal vez, seamos sorprendidos como los inocentes con la nueva ley…

Víctor Vera.

victorvera1@gmail.com

 

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